Tu hija tiene ganas de competir pero cuando llega el momento algo cambia

Tu hija tiene ganas de competir pero cuando llega el momento algo cambia

Tiempo estimado de lectura: 7 min.

Tu hija tiene ganas de competir… pero cuando llega el momento algo cambia

Sus ganas de competir y la capacidad real de sostener la presión son dos cosas distintas…y necesitará ayuda para equilibrar esas dos fuerzas.

Para quién: padres, madres y tutores de deportistas

Hoy quiero hablarte de una idea fundamental: una cosa es desear competir… y otra muy diferente es tener la capacidad real para sostener una competencia.

Muchas veces se empieza a competir con entusiasmo, con esa energía de «vamos con todo» y «tiene muchas ganas». Y claro, eso motiva e impulsa. Pero, ¿nos detenemos a pensar si está verdaderamente preparado o preparada para sostener esa experiencia?

La competencia es un músculo que se entrena. No se trata solo de técnica o de estar en el club correcto. Se trata de poder sostener emocionalmente lo que implica exponerse, esperar, ser evaluado, gestionar la presión.

La competencia es diferente para las patinadoras y patinadores

En el patinaje artístico no se compite todas las semanas, como en el fútbol o el baloncesto. Las competencias son más espaciadas, lo que significa que el músculo competitivo no se entrena con tanta frecuencia.

Por eso, como adultos responsables, tenemos la tarea de crear las condiciones necesarias para ayudarles a entrenar esa capacidad, o al menos conocer sus fortalezas y debilidades, para que cuando llegue el momento puedan utilizarlas a su favor.

Utiliza tu experiencia para guiar su mentalidad

Recuerda las últimas tres competencias que has vivido junto a tu hijo o hija y reflexiona sobre lo siguiente:

¿Cómo fueron los días previos?

Algunas niñas se muestran más nerviosas o más calladas. Otras dicen que están bien, pero algo en su cuerpo cuenta otra historia, duermen distinto, comen distinto, o están más sensibles de lo habitual.

Durante la competencia, ¿la viste conectada o dispersa?

Algunas deportistas se aíslan para concentrarse, otras buscan a sus compañeras. No hay una forma correcta, lo que importa es si esa forma le sirve a ella o la aleja de su concentración.

Grado de autonomía

La competencia no empieza cuando entra a la pista. Empieza mucho antes.

La autonomía emocional, la capacidad de autorregularse, de organizarse, de sostener la espera o la frustración, también se entrena.

Antes de competir, ¿quién se encarga de organizar el vestuario, los tiempos, el maquillaje: tú o ella? No hay una respuesta correcta a esta edad. Pero vale la pena notar si poco a poco va tomando más de eso en sus manos, o si todo sigue pasando por ti.

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Y tú, ¿cómo lo viviste?

Tu respuesta emocional también importa. Tu capacidad para sostener la presión te permitirá identificar con mayor claridad las señales que envía tu hijo o hija, y evaluar cómo ayudarle sin sobreprotegerle ni soltarle demasiado rápido.

Con toda esa información, reflexiona:

• ¿Qué capacidad emocional tiene tu hijo o hija para competir?

• ¿Sientes que necesita reforzar alguna actitud, emoción o hábito para mantener la concentración bajo presión?

• ¿Qué te gustaría que no se repitiera en la próxima competencia?

No existen respuestas correctas ni incorrectas. Darse cuenta de la realidad ya es parte del proceso.

Preguntas frecuentes

1. ¿Con qué frecuencia debería competir una deportista joven para desarrollar su músculo competitivo?

No hay una frecuencia ideal universal, ya quedepende del deporte, la edad y el nivel. Pero sí hay algo claro: cuanto menos se compite, más importante es preparar cada competencia con intención. En deportes como el patinaje artístico, donde las competencias son espaciadas, esa preparación no puede ser solo técnica. La capacidad de gestionar la espera, la presión y la exposición también se trabaja, y se puede entrenar fuera de la pista, en el día a día.

2. ¿Cómo puedo saber si mi hija está lista para competir en una categoría más exigente?

Más que fijarte en su nivel técnico, observa cómo gestiona lo que rodea a la competencia: los días previos, el momento de espera, en la propia competencia, lo que pasa después de un error.

Si puede organizarse con autonomía, sostener sus emociones sin derrumbarse y recuperarse con relativa calma, esas son señales de que está construyendo una base sólida. La técnica se ve en los entrenamientos, la madurez competitiva se ve en los momentos difíciles.

3. ¿Qué diferencia hay entre sobreproteger a mi hija en competencia y acompañarla "bien"?

Sobreproteger es anticiparte a cada emoción difícil para que no la sienta; es evitar que resuelva problemas; es organizar todo sin que inteverga o tenga responsabilidad sobre sobre su proceso y también es evitar que se enfrente a la frustración.

Acompañar bien es estar presente sin quitarle el protagonismo.

Es dejarla sentir, confiar en que puede gestionarlo, y estar disponible si necesita apoyo, no antes de que lo pida. La diferencia no está en cuánto la quieres, sino en cuánto confías en su capacidad de crecer.

Si después de hacer este ejercicio sientes que quieres ir más allá de la claridad, y trabajar de cerca cómo acompañar a tu hija en esta etapa, podemos conversarlo en una sesión 1:1.
¿Cómo guiar a mi hijo o hija deportista?

¿Cómo guiar a mi hijo o hija deportista?

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¿Sigues a tu hija en esta etapa o la guías? 

La diferencia se nota más de lo que crees

Para quién: padres, madres y tutores de deportistas

Cómo la claridad de los padres transforma la experiencia de competir

La pregunta: ¿seguir o guiar? No tiene una respuesta única, pero sí marca dos formas muy distintas de vivir esta etapa. En el deporte infantil existen, generalmente, dos tipos de madres y padres

Algunos siguen a sus hijos: van reaccionando a lo que ellos quieren o no quieren. A sus momentos de entusiasmo o desánimo. Si un día quieren competir, se adaptan. Si al siguiente quieren abandonar, también. Son padres y madres atentos, amorosos, presentes… pero que muchas veces viven este camino desde lo emocional, sin dirección clara.

Otros, en cambio, eligen guiar: sin dejar de escuchar, lideran esta etapa con un propósito. Saben que el deporte es un medio, no un fin. Tienen claridad sobre lo que quieren sembrar: herramientas emocionales, valores y habilidades que trascienden un resultado, una medalla o un podio.

¿En cuál grupo estás tú?

Tal vez no lo sepas con certeza. Tal vez sientes que no tienes las herramientas para guiar como te gustaría. O que cada competencia es una tormenta de emociones que no sabes cómo gestionar.

Es completamente normal. Nadie nos enseñó a ser padres de deportistas. Pero eso no significa que tengas que seguir navegando a ciegas.

Llega un momento en que todo cambia

En algún momento, el deseo de que se divierta deja de ser suficiente. Empiezan los entrenamientos más exigentes, las frustraciones, los días difíciles, y contigo, nuevas preguntas que antes no tenías.

Entonces surge una reflexión necesaria:

¿Qué sentido tiene esta etapa para mí como madre o padre?

¿Qué quiero construir con mi hijo o hija a través del deporte?

¿Qué herramientas quiero que se lleve cuando deje la pista?

Cuando tienes respuestas más claras a estas preguntas, suele cambiar tu manera de estar presente en cada entrenamiento y en cada competencia. Y esa presencia consciente es algo que tu hijo o hija percibe, aunque no lo diga con palabras

Si después de hacer este ejercicio sientes que quieres ir más allá de la claridad, y trabajar de cerca cómo acompañar a tu hija en esta etapa, podemos conversarlo en una sesión 1:1.

Preguntas frecuentes

1. ¿Cuál es la diferencia entre seguir a un hijo deportista y guiarle?

Seguir significa reaccionar a lo que el niño o adolescente quiere en cada momento: si hoy quiere competir, bien; si mañana quiere dejarlo, también. Guiar, en cambio, significa acompañar con un propósito claro, sin dejar de escuchar. Un padre o madre que guía sabe que el deporte es un medio para desarrollar habilidades que van mucho más allá de la pista.

2. ¿Cómo saber si estoy poniendo demasiada presión a mi hijo o hija en el deporte?

Una señal clara es cuando tu estado de ánimo después de una competencia depende directamente del resultado de tu hijo o hija. Otra es cuando las conversaciones sobre el deporte generan tensión en lugar de conexión. Si te reconoces en alguna de estas situaciones, no significa que seas mal padre o mala madre. Significa que es momento de revisar desde dónde estás acompañando.

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3. ¿Qué herramientas necesita un padre o madre para acompañar bien a un deportista joven?

Más que herramientas técnicas, necesita claridad sobre tres cosas: qué quiere construir con su hijo o hija a través del deporte, qué significado le está transmitiendo sobre competir y cómo gestiona sus propias emociones en los momentos de presión. Desde ahí, el acompañamiento deja de ser reactivo y se vuelve consciente.

www.conscienciadeportiva.com
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