Los días en que nada sale: cómo convertir tus dudas en aliadas

Los días en que nada sale: cómo convertir tus dudas en aliadas

Tiempo estimado de lectura: 7 min.

Los días en que nada sale: cómo convertir tus dudas en aliadas

Hay días en que parece que nunca has entrenado. Y al día siguiente, todo vuelve a salir ¿verdad?

Para quién: Deportistas y sus familias

Introducción para la madre y/o padre

Este artículo está pensado para que lo leas con tu hija.

No hace falta que sea una conversación seria ni que busques el momento adecuado. Puede ser después de un entrenamiento, en casa una tarde tranquila o simplemente enviárselo para que lo lea ella primero.

Lo que encontrarás a continuación es una reflexión sobre algo que probablemente reconocerás en tu hija: esa intensidad emocional que aparece en la pista y que a veces no sabe cómo gestionar. Leerlo juntas puede abrir una conversación diferente sobre lo que vive cuando compite.

Existen días en que no nos sale nada. Aceptémoslo.

Aunque lo intentemos, lo que logramos está muy lejos del que esperábamos. Como si jamás hubiéramos entrenado ni tuviéramos el talento para lograrlo.

¿Te ha pasado?

Si la respuesta es sí, también sabrás que en esos días podemos llegar a pensar que «no somos capaces de nada» o simplemente que «no podemos». Porque sentimos tanta frustración que vemos todo mucho peor de lo que realmente es.

Y cuando nos sentimos así, las dudas sobre nuestras capacidades toman protagonismo y nos hacen creer que «nada vale la pena» o que jamás lograremos lo que deseamos.

Es completamente normal vivir días así. Lo que no es normal es que esas dudas persistan más tiempo del necesario.

¿Las dudas son amigas o enemigas?

La respuesta no es absoluta. Las dudas sobre tus capacidades, mal gestionadas, pueden condicionar tus decisiones en la pista hasta paralizarte. Pero si aprendes a dirigirlas, pueden convertirse en tus grandes aliadas.

Cuando las dudas negativas se mantienen en la mente por mucho tiempo, se convierten en creencias sobre nuestras limitaciones. Sin mayor prueba que un par de malos días, dejamos de intentarlo. Y ese es el verdadero peligro: no la duda, sino la parálisis que genera.

Cuatro ejercicios para transformar tus dudas

1. Observa y cuida tu diálogo interno

Cuando tengas un mal día, en vez de decir «no me sale», di: «aún no me sale» o «todavía no lo consigo». Así, aunque aceptas la realidad, sigues abierta a seguir aprendiendo y practicando.

2. Hazte preguntas constructivas

Cuando aparezcan las dudas sobre si eres capaz de hacer ese salto o figura, antes de sacar conclusiones apresuradas, pregúntate:

¿Y si fuera capaz, qué pasaría?
¿Qué necesito para ser capaz?
¿Qué debo hacer de manera diferente?

3. Conecta con tu propósito en la pista

Tu propósito es la razón por la cual entrenas cada semana. Cuando conectas con él, incluso en los días en que todo parece cuesta arriba, encuentras la motivación necesaria para seguir adelante.

4. Elige un camino y pasa a la acción

Pasar a la acción se aprende. No significa salir corriendo sin dirección. Significa aprender a dirigir tu atención, tu energía y tu tiempo hacia donde realmente quieres llegar. Una vez que sabes cómo hacerlo, puedes aplicarlo en cualquier área de tu vida.

En resumen

Los días en que nada sale son inevitables.

Las dudas sobre tus capacidades también son inevitables.
La actitud con que los afrontas sí está en tus manos.
Cuestionar las dudas negativas de manera práctica es posible. Se puede aprender.
Descubrir tu propósito es la clave para avanzar.

Patinar es como la vida, pero volando bajito. Vivirás días buenos, malos y regulares. Y cuando logras entenderlo, el vuelo es mucho más divertido.

Si este artículo ha sido de ayuda y quieres seguir creando conexión con tu hija, podemos conversarlo en una sesión 1:1 y te explico cómo lo puedes lograr.
Cómo convertir tu Drama en la pista en tu mayor fortaleza

Cómo convertir tu Drama en la pista en tu mayor fortaleza

Tiempo estimado de lectura: 7 min.

Cómo convertir tu Drama en la pista en tu mayor fortaleza

Existen días en que todo parece ir mal. Lo que marca la diferencia no es que ocurran, sino lo que haces con ellos.

Para quién: Deportistas y sus familias

Introducción para la madre y/o padre

Este artículo está pensado para que lo leas con tu hija.

No hace falta que sea una conversación seria ni que busques el momento adecuado. Puede ser después de un entrenamiento, en casa una tarde tranquila o simplemente enviárselo para que lo lea ella primero.

Lo que encontrarás a continuación es una reflexión sobre algo que probablemente reconocerás en tu hija: esa intensidad emocional que aparece en la pista y que a veces no sabe cómo gestionar. Leerlo juntas puede abrir una conversación diferente sobre lo que vive cuando compite.

Las patinadoras amamos el Drama

Cada vez que digo esto en una sesión de coaching, aparece una risa cómplice.

No importa la categoría, la edad ni la etapa deportiva. La gran mayoría asiente. A veces con un poco de vergüenza y otras con un «sí» rotundo.

El Drama forma parte de cómo muchas patinadoras viven y sienten este deporte No de todas de la misma manera, pero sí de una forma u otra. Difícilmente alguien que no siente las cosas con intensidad elegiría un deporte que integra la danza, la interpretación y la exigencia técnica de un atleta de alto rendimiento.

¿A qué llamamos Drama?

Desde mi experiencia, el Drama tiene que ver con la intensidad de los pensamientos y la exageración de las emociones: una combinación que convierte todo lo que ocurre, o casi todo, en algo más importante o serio de lo que realmente es.

Visto así, el Drama tiene mala reputación. Pero no siempre es un problema.

Cuando esa intensidad emocional apoya la expresión artística, el Drama es perfecto. Es lo que conecta con el público, lo que moviliza, lo que permite disfrutar de un deporte que exige tanto fuerza como sensibilidad. El Drama, bien dirigido, no limita el rendimiento. Lo potencia.

¿Cuándo el Drama se convierte en un obstáculo?

El problema aparece cuando ese caudal emocional no tiene dirección.

Sin consciencia sobre cómo opera internamente, el Drama puede dificultar el avance, nublar las decisiones y hacer que dudes de tus propias capacidades en el peor momento. Afecta la concentración, provoca que se dude de las propias capacidades, que el desempeño se evalúe de manera radical y que momentos importantes se arruinen simplemente porque no se sabe qué hacer con lo que se siente.

Esto ocurre especialmente en momentos de presión, en semanas de entrenamiento difíciles o justo antes de una competencia.

La diferencia entre controlar y gestionar

Cuando pregunto cómo manejar el Drama, la respuesta más frecuente es: «Controlando las emociones, ¿no?».

Y aunque tiene sentido, hay un problema: controlar las emociones en un deporte basado en la expresión artística va contra su propia esencia. Sin emociones, ¿hacia dónde va el artístico?

La propuesta no es controlar. Es gestionar.

Controlar supone dominio y limitación. Gestionar significa identificar lo que se siente y decidir cómo expresarlo con dirección y sentido. No se trata de apagar las emociones, sino de aprender a llevarlas hacia donde se quiere ir.

El primer paso: conocerte en la pista

Para gestionar el Drama, primero necesitas saber cómo eres cuando estás en la pista. No cómo crees que eres, sino cómo realmente piensas, sientes y actúas cuando algo no sale, cuando cometes un error o cuando la presión aparece.

Ese autoconocimiento no surge solo. Se entrena, igual que la técnica.

Y el primer paso es simplemente observar, sin juzgar:

  • ¿Cómo son tus pensamientos cuando algo no sale en el entrenamiento?
  • ¿Qué haces con lo que sientes cuando cometes un error?
  • ¿En qué momentos el Drama te impulsa y en cuáles te frena?

No hace falta tener respuestas inmediatas. Solo hace falta empezar a preguntarse.

Si este artículo ha sido de ayuda y quieres seguir creando conexión con tu hija, podemos conversarlo en una sesión 1:1 y te explico cómo lo puedes lograr.
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