Cómo convertir tu Drama en la pista en tu mayor fortaleza
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Cómo convertir tu Drama en la pista en tu mayor fortaleza
Existen días en que todo parece ir mal. Lo que marca la diferencia no es que ocurran, sino lo que haces con ellos.
Para quién: Deportistas y sus familias
Introducción para la madre y/o padre
Este artículo está pensado para que lo leas con tu hija.
No hace falta que sea una conversación seria ni que busques el momento adecuado. Puede ser después de un entrenamiento, en casa una tarde tranquila o simplemente enviárselo para que lo lea ella primero.
Lo que encontrarás a continuación es una reflexión sobre algo que probablemente reconocerás en tu hija: esa intensidad emocional que aparece en la pista y que a veces no sabe cómo gestionar. Leerlo juntas puede abrir una conversación diferente sobre lo que vive cuando compite.
Las patinadoras amamos el Drama
Cada vez que digo esto en una sesión de coaching, aparece una risa cómplice.
No importa la categoría, la edad ni la etapa deportiva. La gran mayoría asiente. A veces con un poco de vergüenza y otras con un «sí» rotundo.
El Drama forma parte de cómo muchas patinadoras viven y sienten este deporte No de todas de la misma manera, pero sí de una forma u otra. Difícilmente alguien que no siente las cosas con intensidad elegiría un deporte que integra la danza, la interpretación y la exigencia técnica de un atleta de alto rendimiento.
¿A qué llamamos Drama?
Desde mi experiencia, el Drama tiene que ver con la intensidad de los pensamientos y la exageración de las emociones: una combinación que convierte todo lo que ocurre, o casi todo, en algo más importante o serio de lo que realmente es.
Visto así, el Drama tiene mala reputación. Pero no siempre es un problema.
Cuando esa intensidad emocional apoya la expresión artística, el Drama es perfecto. Es lo que conecta con el público, lo que moviliza, lo que permite disfrutar de un deporte que exige tanto fuerza como sensibilidad. El Drama, bien dirigido, no limita el rendimiento. Lo potencia.
¿Cuándo el Drama se convierte en un obstáculo?
El problema aparece cuando ese caudal emocional no tiene dirección.
Sin consciencia sobre cómo opera internamente, el Drama puede dificultar el avance, nublar las decisiones y hacer que dudes de tus propias capacidades en el peor momento. Afecta la concentración, provoca que se dude de las propias capacidades, que el desempeño se evalúe de manera radical y que momentos importantes se arruinen simplemente porque no se sabe qué hacer con lo que se siente.
Esto ocurre especialmente en momentos de presión, en semanas de entrenamiento difíciles o justo antes de una competencia.
La diferencia entre controlar y gestionar
Cuando pregunto cómo manejar el Drama, la respuesta más frecuente es: «Controlando las emociones, ¿no?».
Y aunque tiene sentido, hay un problema: controlar las emociones en un deporte basado en la expresión artística va contra su propia esencia. Sin emociones, ¿hacia dónde va el artístico?
La propuesta no es controlar. Es gestionar.
Controlar supone dominio y limitación. Gestionar significa identificar lo que se siente y decidir cómo expresarlo con dirección y sentido. No se trata de apagar las emociones, sino de aprender a llevarlas hacia donde se quiere ir.
El primer paso: conocerte en la pista
Para gestionar el Drama, primero necesitas saber cómo eres cuando estás en la pista. No cómo crees que eres, sino cómo realmente piensas, sientes y actúas cuando algo no sale, cuando cometes un error o cuando la presión aparece.
Ese autoconocimiento no surge solo. Se entrena, igual que la técnica.
Y el primer paso es simplemente observar, sin juzgar:
- ¿Cómo son tus pensamientos cuando algo no sale en el entrenamiento?
- ¿Qué haces con lo que sientes cuando cometes un error?
- ¿En qué momentos el Drama te impulsa y en cuáles te frena?
No hace falta tener respuestas inmediatas. Solo hace falta empezar a preguntarse.
