Los días en que nada sale: cómo convertir tus dudas en aliadas
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Los días en que nada sale: cómo convertir tus dudas en aliadas
Hay días en que parece que nunca has entrenado. Y al día siguiente, todo vuelve a salir ¿verdad?
Para quién: Deportistas y sus familias
Introducción para la madre y/o padre
Este artículo está pensado para que lo leas con tu hija.
No hace falta que sea una conversación seria ni que busques el momento adecuado. Puede ser después de un entrenamiento, en casa una tarde tranquila o simplemente enviárselo para que lo lea ella primero.
Lo que encontrarás a continuación es una reflexión sobre algo que probablemente reconocerás en tu hija: esa intensidad emocional que aparece en la pista y que a veces no sabe cómo gestionar. Leerlo juntas puede abrir una conversación diferente sobre lo que vive cuando compite.
Existen días en que no nos sale nada. Aceptémoslo.
Aunque lo intentemos, lo que logramos está muy lejos del que esperábamos. Como si jamás hubiéramos entrenado ni tuviéramos el talento para lograrlo.
¿Te ha pasado?
Si la respuesta es sí, también sabrás que en esos días podemos llegar a pensar que «no somos capaces de nada» o simplemente que «no podemos». Porque sentimos tanta frustración que vemos todo mucho peor de lo que realmente es.
Y cuando nos sentimos así, las dudas sobre nuestras capacidades toman protagonismo y nos hacen creer que «nada vale la pena» o que jamás lograremos lo que deseamos.
Es completamente normal vivir días así. Lo que no es normal es que esas dudas persistan más tiempo del necesario.
¿Las dudas son amigas o enemigas?
La respuesta no es absoluta. Las dudas sobre tus capacidades, mal gestionadas, pueden condicionar tus decisiones en la pista hasta paralizarte. Pero si aprendes a dirigirlas, pueden convertirse en tus grandes aliadas.
Cuando las dudas negativas se mantienen en la mente por mucho tiempo, se convierten en creencias sobre nuestras limitaciones. Sin mayor prueba que un par de malos días, dejamos de intentarlo. Y ese es el verdadero peligro: no la duda, sino la parálisis que genera.
Cuatro ejercicios para transformar tus dudas
1. Observa y cuida tu diálogo interno
Cuando tengas un mal día, en vez de decir «no me sale», di: «aún no me sale» o «todavía no lo consigo». Así, aunque aceptas la realidad, sigues abierta a seguir aprendiendo y practicando.
2. Hazte preguntas constructivas
Cuando aparezcan las dudas sobre si eres capaz de hacer ese salto o figura, antes de sacar conclusiones apresuradas, pregúntate:
¿Y si fuera capaz, qué pasaría?
¿Qué necesito para ser capaz?
¿Qué debo hacer de manera diferente?
3. Conecta con tu propósito en la pista
Tu propósito es la razón por la cual entrenas cada semana. Cuando conectas con él, incluso en los días en que todo parece cuesta arriba, encuentras la motivación necesaria para seguir adelante.
4. Elige un camino y pasa a la acción
Pasar a la acción se aprende. No significa salir corriendo sin dirección. Significa aprender a dirigir tu atención, tu energía y tu tiempo hacia donde realmente quieres llegar. Una vez que sabes cómo hacerlo, puedes aplicarlo en cualquier área de tu vida.
En resumen
Los días en que nada sale son inevitables.
Las dudas sobre tus capacidades también son inevitables.
La actitud con que los afrontas sí está en tus manos.
Cuestionar las dudas negativas de manera práctica es posible. Se puede aprender.
Descubrir tu propósito es la clave para avanzar.
Patinar es como la vida, pero volando bajito. Vivirás días buenos, malos y regulares. Y cuando logras entenderlo, el vuelo es mucho más divertido.
